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viernes, 10 de marzo de 2017

Llega a los cines king kong 2017

king kong 2017

Mientras un sol crepuscular se desangra en el cielo y una lluvia de destrucción —helicópteros en llamas, cuerpos mutilados— suspende el tiempo, King Kong y Samuel L. Jackson, en la piel de un militar recién llegado de Vietnam, se baten en un intenso duelo de miradas.

Naturaleza de King Kong

Un instante perfecto para definir la muy gratificante naturaleza de Kong: la isla Calavera, segundo largometraje de Jordan Vogt-Roberts. Un sofisticado sentido del humor y una apuesta por los placeres más puros del pulp se alían en una película que supone un soplo de aire fresco en el paisaje de un blockbuster contemporáneo aquejado de sobrepeso y rimbombancia.

2. king kong 2017

La Versión de Peter Jackson

Han pasado doce años desde que Peter Jackson resucitara al mítico gorila en una película que quería ser la rememoración hipérbolica de su primer contacto con el clásico de Merian C. Cooper y Ernst B. Schoedsack. Su King Kong (2005) fue el paradigma de la descompensación: hermosos momentos de forma pura —la introducción, los dinosaurios suspendidos en las lianas, el combate final sobre el Empire State— se veían condicionados por el despilfarro de una hora larga de presentación de personajes, aparatosa refutación de la naturaleza esencialmente sintética del lenguaje cinematográfico.

Autor familiarizado con los registros de la nueva comedia —es uno de los realizadores de Funny or Die presents...— y autor de una notable película de iniciación adolescente —The Kings of Summer (2013)—, Vogt-Roberts también parece concernido por recuperar la poética del asombro de la película de 1933, pero su camino es visiblemente distinto y no excluye parentescos con posteriores apropiaciones lúdicas del icono como las que firmó Ishirô Honda en los años sesenta.

king kong 2017

Muy original

El sentido del humor determina la caracterización de personajes —arquetipos redefinidos con trazos singulares—, pero lo que destaca es una infatigable originalidad en el estilo visual.



Hay cortes de montaje zumbones al servicio del gag —el paso del gorila devorando a sus víctimas al explorador mordiendo su sandwich—, afortunadas ideas de diseño de producción —los nativos aficionados al trampantojo— y soluciones plásticas de gran fuerza expresiva: los fogonazos de flash fotográfico en el interior de un monstruo oculto en la niebla, la rima entre las patas de la araña y la vegetación... Por fin, un blockbuster vuelve a ser una fiesta de la imaginación. Y no se pierdan la secuencia poscréditos: con ella, este crítico entendió por qué había estado pensando todo el rato en la libérrima King Kong se escapa (1967).

Fuente: El país